El día 5 de junio con motivo del fin de curso, los alumnos de Océano atlántico vinieron a visitar las instalaciones de la Granja de Torrevirreina. Para ello, les preparamos una sesión de juegos cooperativos y competitivos, ya que consideramos que tras un largo curso lectivo los participantes merecen un final de curso divertido y dinámico. Para ello el día se distribuyo de la siguiente manera:
Comenzamos el día en el sombrajo haciendo un rondo de presentaciones y explicando que hoy iríamos en busca de un tesoro y que deberán superar los retos/ juegos que se les de para conseguir las partes del tesoro, seguidamente realizamos una dinámica llamada "el ascensor" que es básicamente una dinámica para conocer nuestras preferencias y romper un poquito el hielo. A continuación tocaba hacer equipos, y para ello utilizamos el método del "cien pies" que trata de una canción donde al final se acaban juntando por el numero de pies.
Ya que nos habíamos conocido tocaba enseñarles lo bonita que es la granja, para ello les guiamos hasta la zona de los animales, y de una manera libre y flexible se fueron acercando al animal que deseaban.
Después de pasar media horita con los animales, tocaba pasar a la acción, y es que les habíamos preparado una serie de juegos maravillosos con los que iban a disfrutar al máximo. Comenzamos con Time´s up un juego de adivinanzas en el que debes hacer que tu equipo adivine palabras usando pistas, gestos o una sola palabra, según la ronda. A continuación jugamos a Furor es un juego por equipos basado en música, donde se compite cantando, adivinando canciones y superando divertidos retos musicales. Después de Furor, las risas ya estaban aseguradas, pero aún quedaban más sorpresas por descubrir. Seguimos con “¿Qué tengo en el coco?”, un juego muy divertido y participativo que puso a prueba el ingenio y la capacidad de deducción de todos. Cada participante llevaba en la frente una etiqueta con el nombre de un personaje, animal u objeto, sin saber cuál era. A través de preguntas que solo podían responderse con "sí" o "no", tenían que ir adivinando su identidad. Las ocurrencias fueron de lo más variado, y hubo momentos realmente cómicos cuando algunos llevaban varias rondas pensando que eran algo completamente distinto de lo que realmente eran. Fue una dinámica sencilla, pero súper efectiva para mantener la energía alta y fomentar la interacción.
Para cerrar la jornada con un poco de movimiento, introdujimos un juego que se ha convertido en uno de nuestros favoritos: kink-ball. Aunque el nombre suena curioso, la actividad en sí es una mezcla entre balón prisionero y voleibol, con un toque de improvisación. Usamos una pelota ligera, dividimos el campo de juego y establecimos unas reglas básicas, dejando espacio también para que los propios grupos inventaran sus estrategias y jugadas. El resultado: carreras, risas, lanzamientos imposibles y un montón de compañerismo. Fue el broche perfecto para una mañana cargada de emociones, risas y aprendizaje.
Al final del día, nos reunimos para hacer una breve reflexión sobre lo vivido, recoger impresiones con la dinámica de la diana y, por supuesto, descubrir el tesoro que habían ido consiguiendo tras cada reto superado. Ese momento de cierre fue especial: se notaba que todos habían disfrutado, habían creado vínculos nuevos y se llevaban un bonito recuerdo del día en la granja.
Sin duda, fue una jornada redonda, pensada para celebrar el esfuerzo de todo el curso con alegría, juego y conexión con la naturaleza.